“PARA DESCUBRIR CÓMO SE NADA EN EL MAR, HAY QUE SALIR DE LA PECERA” – MI ZONA DE CONFORT

En este artículo me gustaría hablaros de la zona de confort. Seguro que muchos de vosotros ya habéis oído hablar anteriormente de este concepto, pero ¿qué es la zona de confort?, ¿a qué se debe? y, lo más importante, ¿cómo puedo salir de ahí?

La zona de confort es un estado mental en el que los seres humanos nos sentimos cómodos, seguros y protegidos. Esto, en nuestra vida diaria, se traduce en hábitos, rutinas, comportamientos y actitudes que llevamos a cabo porque dominamos y porque nos hacen sentir seguros. En otras palabras, las personas que se encuentran en su zona de confort se mueven en entornos familiares, donde no asumen ningún tipo de riesgo.

Para cada persona la zona de confort es distinta, cada uno tenemos unas costumbres y unos hábitos diferentes. Lo que para uno es seguro y cómodo, para otro puede suponer un gran riesgo.

Por lo general, las personas que se encuentran en su zona de confort lo hacen por miedo a lo desconocido, por miedo a arriesgar y perder, por miedo a no alcanzar sus sueños, por miedo al qué dirán, por vergüenza… podríamos decir que en la zona de confort el rey es el miedo.

Por el contrario, las personas que deciden arriesgar y salir de la zona de confort van a dar a un lugar llamado: zona de aprendizaje, donde se encuentran todas aquellas experiencias vitales que nos enseñan, como por ejemplo: viajar a países desconocidos, conocer otras culturas, aprender otro idioma, adquirir nuevas habilidades, cambiar hábitos propios… La zona de aprendizaje nos enriquece.

Y, para todos aquellos que quieran ir más allá, existe una tercera zona: la zona de pánico. Llegados a este punto, la persona asume grandes riesgos con el fin de conseguir sus metas. En la zona de pánico se trabaja por conseguir aquello con lo que llevamos soñando tanto tiempo.

Por ejemplo, una persona que se encuentra en su zona de confort podría ser aquella que tiene un trabajo fijo que no le gusta, que no le estimula, que le produce mucho estrés… pero que no lo deja por miedo a estar en paro, por miedo a no encontrar otro empleo, por miedo a tener que empezar desde cero… Si esta misma persona decidiese salir de su zona de confort para adentrarse en su zona de aprendizaje, podría aprender otro idioma o realizar cursos para adquirir nuevas habilidades laborales y mejorar su situación actual. Aquí podrían finalizar las “zonas” exploradas por nuestro protagonista, el cual tiene un trabajo que no le gusta del cual intenta salir a través del aprendizaje de nuevas destrezas. Si esta persona quisiera ir un paso más allá y conseguir su sueño, por ejemplo montar su propia empresa, debería salir de su zona de aprendizaje y entrar en su zona de pánico, en la cual los riesgos son elevados pero los beneficios son todavía mayores.

Cada vez que pasamos de una zona a la siguiente, la zona anterior aumenta. Por lo que si pasamos de la zona de confort a la zona de aprendizaje, pasado un tiempo todas aquellas actividades que pertenecían a la zona de aprendizaje ahora pertenecen a la zona de confort. De esta manera, ampliamos nuestro repertorio de hábitos, sintiéndonos cada vez más cómodos con más actividades. Por ejemplo, cuando empezamos a realizar algún deporte, al principio nos cuesta, nos sentimos incómodos, queremos abandonar… pero, si persistimos y continuamos haciendo deporte con regularidad, al final esta actividad acabará formando parte de nuestro repertorio habitual de actividades que dominamos y que nos sentimos cómodos realizando.

Para conseguir pasar de una zona a otra tenemos que tener claro qué es lo que queremos conseguir (cambiar de trabajo, finalizar la relación de pareja, mejorar nuestro físico, cambiar aspectos de nuestra forma de ser…), porqué lo queremos conseguir y para qué. Una vez que tenemos claro esto, debemos ser conscientes de que nosotros somos los protagonistas de nuestras vidas y que en nuestra mano está el cambio, por lo que debemos ser activos en la conquista de nuestras metas. Para conseguir aquello que deseamos tendremos que enfrentarnos a nuestros miedos, dudaremos de nosotros en ocasiones y nos replantearemos el porqué de dicho esfuerzo, pero solo con constancia, positivismo y creyendo en uno mismo podremos llegar a la meta. El esfuerzo merece la pena.

Estar en la zona de confort no significa ser feliz, significa que prefieres quedarte en un lugar “seguro” antes que arriesgar con el fin de conseguir tus sueños. Hay personas a quienes les gusta salir de su zona de confort y explorar otras zonas, y a otras personas a quienes la sola idea de salir de sus rutinas habituales les asusta. Desde aquí os invito a todos a salir de vuestra zona de confort, a eliminar aquellas barreras que no os paralizan y os impiden conseguir aquello que queréis. De esta manera, obtendréis un crecimiento personal y experiencial que repercutirá positivamente en vuestras vidas.

Y es que “para descubrir cómo se nada en el mar, hay que salir de la pecera”.

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Psicóloga (colegiada nº 27498)
Email: Laura.carmona.esteban@gmail.com
Web: http://www.lcpsico.org

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