Increíble experimento… ¿Somos Marionetas? – Obedeciendo a la Autoridad

A lo largo de los años son muchos los experimentos que se han llevado a cabo por el hombre, algunos más éticos que otros. A continuación os expongo uno de los más famosos experimentos psicológicos de la historia, cuyas conclusiones son controvertidas y sorprendentes.

En 1961, el psicólogo Stanley Milgram realizó una serie de experimentos en la Universidad de Yale con el objetivo de medir la obediencia de los seres humanos a la autoridad. Se contó con la colaboración de cuarenta personas que, engañados, creían que iban a participar en un experimento sobre la memoria.

Dichos experimentos consistían en proporcionar descargas, de entre 15 y 450 voltios, a un sujeto cuando este cometía errores en unas pruebas de memoria. Dichas descargas se suministraban a través de unos interruptores.

Los participantes entraban en un sorteo para saber si iban a ser los encargados de proporcionar o de recibir las descargas. Lo que ellos no sabían era que el sorteo estaba amañado, por lo que los participantes del experimento siempre eran los encargados de proporcionar las descargas; y que el sujeto que las recibía en realidad las fingía. Entre ambas personas, participante y sujeto, no existía contacto visual alguno.

Antes de comenzar, Milgram informó a los participantes de que si sucedía algo él era el máximo responsable.

El experimento consistía en ir aumentando la intensidad de las descargas cuando el sujeto cometía errores en las pruebas de memoria. A medida que las descargas aumentaban, el sujeto que las recibía se quejaba más, pidiendo, por favor, que parasen el experimento, aquejándose de problemas cardíacos, gritando con todas sus fuerzas cuando las descargas eran elevadas y manteniéndose en silencio cuando las descargas eran superiores a 300 voltios. Mientras esto sucedía, Milgram les decía: “Continúe, por favor”, “El experimento requiere que usted continúe”, “Es absolutamente esencial que continúe” y “Usted no tiene otra opción, debe continuar”. Si tras estas cuatro frases el participante se negaba a continuar, se paraba el experimento.

Llegados a este punto me gustaría que el lector anticipase los resultados del experimento con la siguiente pregunta: ¿Qué porcentaje de los participantes cree que llegó hasta el final del experimento? ¿Qué porcentaje de los participantes cree que proporcionó descargas de 450 voltios?

Antes de realizar el experimento, las expectativas de Milgram eran que entre un 1 y un 3% de los participantes proporcionarían descargas de máxima intensidad. Creía que solo unos poco crueles llegarían a esos niveles. Los resultados fueron sorprendentes, ya que el 65% de los participantes llegaron a proporcionar el voltaje máximo al sujeto. Cabe destacar que todos los participantes mostraban síntomas de desagrado y malestar al dar las descargas, pero ninguno paraba.

Estos experimentos surgieron a raíz de los juicios posteriores a la Segunda Guerra Mundial, donde los alemanes que participaron en las masacres alegaban no ser responsables de sus actos, puesto que ellos únicamente cumplían órdenes.

Tal y como hemos podido observar, el ser humano corriente es capaz de llegar a cometer actos crueles e inhumanos si así se lo ordena una autoridad. Esto se produce por el traslado de la responsabilidad de nuestros actos a nuestros superiores, a aquellos que nos han ordenado realizar tales acciones. De esta manera, nos sentimos instrumentos que llevan a cabo los deseos de otra persona, liberándonos así de cualquier responsabilidad. Ya lo dijo el historiador Howard Zinn, “históricamente, las cosas más terribles resultaron no de la desobediencia, sino de la obediencia”.

Por suerte, a mediados de los años 70 se reguló este tipo de experimentos y desde entonces está expresamente prohibido que los participantes sean engañados y llevar a cabo investigaciones que causen en los participantes “daños permanentes, irreversibles o innecesarios para la evitación de otros mayores”.

Para finalizar, os dejo con una carta que mandó uno de los participantes a Milgram años después del experimento: “Fui un participante en 1964, y aunque creía que estaba lastimando a otra persona, no sabía en absoluto por qué lo estaba haciendo. Pocas personas se percatan cuándo actúan de acuerdo con sus propias creencias y cuándo están sometidos a la autoridad. Permitir sentirme con el entendimiento de que me sujetaba a las demandas de la autoridad para hacer algo muy malo me habría asustado de mí mismo. Estoy completamente preparado para ir a la cárcel si no me es concedida la demanda de objetor de conciencia. De hecho, es la única vía que podría tomar para ser coherente con lo que creo. Mi única esperanza es que los miembros del jurado actúen igualmente de acuerdo con su conciencia”.

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Psicóloga (colegiada nº 27498)
Email: Laura.carmona.esteban@gmail.com
Web: http://www.lcpsico.org

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