El Duelo – ¿Qué sucede cuando fallece un ser querido?

Cuando fallece un ser querido las personas atravesamos un proceso natural de adaptación, tanto emocional como psicológica, con el fin de asumir la pérdida. A este proceso lo denominamos: Duelo.

Según Jorge Montoya Carrasquilla “en ninguna otra situación como en el duelo, el dolor producido es total: es un dolor biológico (duele el cuerpo), psicológico (duele la personalidad), social (duele la sociedad y su forma de ser), familiar (nos duele el dolor de otros) y espiritual (duele el alma). En la pérdida de un ser querido duele el pasado, el presente y especialmente el futuro. Toda la vida, en su conjunto, duele”.

Tras la muerte del ser amado, los esquemas que durante años hemos construido en torno al funcionamiento del mundo, de la vida y de las personas se fragmentan, se rompen, lo que provoca que nos sintamos inseguros y con una gran sensación de falta de control.

El duelo se manifiesta a nivel emocional, físico, cognitivo y conductual.

  • A nivel emocional, los dolientes suelen manifestar principalmente pena, aflicción, dolor y tristeza; aunque también pueden experimentar miedo, soledad, culpa, rabia, enfado, alivio, liberación… entre otras.
  • A nivel físico, los dolientes suelen sentir un vacío en el estómago, taquicardias, falta de energía, falta de aire, insomnio, hipersensibilidad al ruido, etc. Hay que destacar que muchas personas sienten los mismos síntomas por los que falleció el ser querido, motivo por el cual suelen acudir a las consultas médicas.
  • A nivel cognitivo, los dolientes suelen tener dificultades para concentrarse, se sienten confusos, manifiestan miedo a volverse locos, tienen pensamientos recurrentes sobre el fallecido, pseudoalucionaciones visuales y auditivas (notar la energía del fallecido, notar que te toca, escuchar su voz…), etc.
  • Y, finalmente, a nivel conductual los dolientes pueden tener problemas de sueño, de alimentación, se inhiben socialmente, hablan del fallecido y le buscan (nombrándolo en voz alta, soñando con el…).

La persona en duelo atraviesa una serie de fases antes de aceptar la realidad. En primer lugar, niega lo sucedido como método para amortiguar el dolor, ya que en un primer momento la pérdida es imposible de asimilar. Dicha negación se acaba transformando en ira, rabia, resentimiento… y surgen los porqués (¿Por qué ha tenido que fallecer? ¿Por qué me sucede esto a mí?…). Estas emociones forman parte de una segunda fase de asimilación, donde el doliente se aísla del mundo para elaborar la pérdida.  Y por último, nos encontramos con la fase de acomodación, la cual consiste en aceptar con resignación la pérdida del ser querido y empezar a reconstruir su vida mirando hacia el futuro.

De manera paralela a las fases del duelo y para superar de manera satisfactoria el fallecimiento de un ser querido, el doliente tiene que trabajar para superar una serie de tareas, ya que el duelo es un proceso dinámico, no es algo estático. Dichas tareas son:

  1. Aceptar la realidad de la pérdida: en esta primera tarea el doliente debe aceptar, tanto intelectual como emocionalmente, que su ser querido ha fallecido y que el reencuentro entre ambos es imposible.
  2. Trabajar las emociones y el dolor de la pérdida: en muchas ocasiones y de manera errónea los dolientes reprimen sus sentimientos. Para elaborar el duelo debemos experimentar el dolor asociado a la pérdida, solo así podremos avanzar hacia la recuperación.
  3. Adaptarse a un medio donde el fallecido está ausente: en esta tarea el doliente debe comenzar a retomar su vida y los cambios que ella supone (llevar a cabo actividades que antes realizaba la persona fallecida, reajustar la vida familiar y social, aceptar la nueva identidad de dejar de ser madre/padre o empezar a ser viudo/a…).
  4. Recolocar emocionalmente al fallecido y continuar viviendo: en esta última tarea el doliente debe encontrar un lugar para el fallecido en su mundo emocional que le permita continuar con su vida. Cuando hablo de que el doliente continúe con su vida, me refiero a que sea capaz de iniciar nuevas relaciones sociales, de volver a disfrutar con las actividades que realizaba antes de que falleciese el ser querido y que le divertían…

Estas cuatro tareas requieren tiempo y es que tal y como dijo Zaiger, “el duelo significa no solo la pérdida de otra persona significativa, sino también la sensación de pérdida del sí mismo”.

Dependiendo del tipo de muerte, la elaboración del duelo será más o menos complicada. Por ejemplo, las muertes naturales o esperadas son más fáciles de elaborar que las muertes por accidente, suicidio u homicidio, ya que nos permiten tomar conciencia de la realidad, resolver conflictos pendientes y prepararnos para la muerte. Los procesos de duelo se complican cuando el fallecimiento no sigue el orden cronológico esperado, por ejemplo cuando fallece un hijo; cuando el fallecimiento ocurre lejos del doliente, por ejemplo cuando está de viaje en otro país; y cuando el fallecimiento es por muerte súbita, lo cual produce tal impacto en las personas allegadas que dificulta el proceso de duelo.

El duelo también se complica cuando la persona que lo está atravesando no es capaz de superar las tareas, cuando se queda estancada en alguna de ellas. Por ejemplo, cuando la persona evita sentir el dolor de la pérdida o no es capaz de retomar las actividades de su vida diaria.

Durante el proceso de duelo existen determinados momentos críticos que debemos tener en cuenta, como puede ser el primer aniversario de la muerte y las primeras veces que hacemos cosas sin el fallecido (celebrar la Navidad, los cumpleaños, irnos de vacaciones…). Estos momentos son especialmente duros para los dolientes, los cuales necesitarán el apoyo de sus seres queridos.

Respecto a la duración, se estima que el duelo puede durar entre seis meses y dos o tres años, pero la verdad es que en él influyen multitud de variables que pueden acortar o alargar dicho proceso (relación con el fallecido, tipo de muerte, variables de personalidad…), por lo que, tal y como dice Worden, “preguntar cuando ha acabado un duelo es un poco como preguntar cómo de alto es arriba”. Podemos afirmar que se ha superado un duelo cuando recordamos a la persona fallecida sin dolor.

Para finalizar me gustaría citar el famoso poema de Jorge Manrique, Coplas por la muerte de su padre, y recordar que el duelo es un proceso natural que atravesamos cuando fallece un ser querido, en el cual debemos experimentar el dolor asociado a la pérdida y trabajar de manera dinámica para recuperarnos.

Coplas por la muerte de su padre

Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos,
y llegados, son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.

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Psicóloga (colegiada nº 27498)
Email: Laura.carmona.esteban@gmail.com
Web: http://www.lcpsico.org

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